Los que vivimos en ciudades grandes estamos acostumbrados a encontrarnos con cámaras de televisión, reporteros, entrevistadores, y sobretodo, famosos. Este hecho es más común todavía si vives en Madrid y sueles moverte por el centro.
Son muchos los famosos que he visto por la calle en sus quehaceres cotidianos, como por ejemplo Alex de la Iglesia, Alaska, algunos actores de Aquí no hay quien viva, diversos tertulianos de esa cosa que llaman "corazón", Pablo Motos, Pablo Puyol, Trancas y Barrancas (que entrevistan siempre en Sol) y otros tantos que no recuerdo. Tengo por norma no acercarme a saludar a los famosos, y más si están a su aire haciendo sus cosas. No sé, debe ser horrible que te paren por la calle cada 10 minutos así que yo con mirar fijamente y dar un codazo al de al lado me conformo.
También me han grabado, aunque de manera involuntaria. Han sido 3 las veces que me han plantado una alcachofa (que así es como llamo yo a esos micros inmensos con gomaespuma) para preguntarme alguna cosa, y no sé si habré salido o no por la tele, pero dadas las respuestas (a cada cual más estúpida) que he dado lo más probable es que no. Soy capaz de hacer el ridículo públicamente hasta 3 veces, pero ya más no, me niego. Ahora cada vez que veo una cámara salgo corriendo, por si acaso.
Y también, cómo no, he asistido a unas cuantas premiéres, aunque más que asistir me he topado con ellas. Las que mejor recuerdo son la de Soy Leyenda, donde pude ver la nuca de Will Smith a unos 15 metros de distancia y a hombros, pero eh, que lo he tenido a 15 metros y es para contarlo. También vi a Gerard Butler y a Cameron Díaz, pero lo justo sería decir que los casi-vi, porque me dejé las gafas en casa y había tantísima gente que era imposible saber siquiera por dónde se movían esos dos. Una pena. Y la última premiére con la que me he topado por casualidad ha sido con la de la película Green Lantern, ayer concretamente.
Ya sabía yo que algo iba a pasar en la plaza de Callao porque la parafernalia que habían montado por allí no era normal. A las 8 me volví a acercar por allí con dos amigas y había mucha gente, tampoco muchísima como para decir que la premiére iba a ser un éxito, pero bueno, el panorama era tal que así:
Fotos hechas por mi amiga Sara (o mejor dicho, por su móvil)
-"Es verdad, ¡que hoy viene Ryan Reynolds!"
-"Ai que bien, ¡Ryan Reynolds! Espera... ¿ese quién es?"
Mis amigas aclararon rápidamente mis dudas: no es ni más ni menos que el
ex de Scarlett Johanson (cosa que me dejó igual que antes). Dicho en otras palabras, el que venía era el protagonista de la película. Es decir, este ser:
Todo un acierto que hayan puesto una pantallaza como esta para la gente cegata y ciega como yo
Pues qué quereis que os diga, no sé que tiene este hombre de especial, a mi no me dice nada de nada. ¡Si hasta iba mascando chicle como un chulazo! Me causó mala impresión, porque sí, yo a los famosos no me acerco pero me puedo permitir juzgarlos, con un par.
Hubo un momento en el que casi me dió un algo, porque el director de la peli de lejos y sin tener yo gafas era clavadito a
John Malkovich, y durante unos instantes me planteé saltar la valla y declararle amor eterno. Pero no, afortunadamente no era, y digo afortunadamente porque de serlo lo más probable es que me hubiese desmayado allí mismo.
Bueno, ¿y Gary Oldman para cuándo viene?