Hoy vengo a contar una de esas anécdotas escatológicas y bochornosas de las que me suelen ocurrir cada X tiempo, porque ya tengo más que comprobado que soy un imán para este tipo de cosas.
Es por todos sabido que las mujeres (y la mayoría de los hombres) nos depilamos con relativa frecuencia, cada uno con sus métodos. Yo por ejemplo suelo usar la cuchilla y de vez en cuando también echo mano de esa máquina de tortura medieval a la que llaman "Depilady", (cosa que entiendo, ante todo hay que ocultar en la medida de lo posible la cruda realidad de estos aparatos). Sin embargo a la cera he ido en contadas ocasiones a lo largo de mi vida, porque si, es muy rápida y duele menos, pero te cobran dinero por hacer algo que uno mismo puede hacer en casa con el método que sea. LLamadme rácana o cutre pero lo que soy en realidad es una valiente.
El caso es que antes de irme a la playa me planteé ir a la cera, porque no tenía tiempo material de ponerme con la máquina de tortura, ni ganas de usar la cuchilla para volver a tener que usarla dos días después.
Busqué una peluquería donde hicieran la cera que quedara relativamente cerca de mi casa, y pedí cita. Hasta ahí todo perfecto.
El día indicado a la hora indicada me presenté en la peluquería y me llevaron a una habitación apartada con toda la parafernalia y bla bla bla (no sé por qué describo esto si ya todo el mundo sabe cómo va la cosa). La mujer muy amable me daba conversación:
-Bueno bueno y ¿a dónde te vas?
-A la playa.
-Anda qué suerte, a mi me gustaría ir también bla bla bla.
Como he dicho, muy maja la señora.
-Quítate los pantalones (sé que es absurdo, pero esta frase me dió miedo).
-*Me quito los pantalones y me tumbo*
-Uuuuuy... eres muy blanca, te va a doler (no sé qué clase de lógica fué esa pero, sea como sea, no me animó en absoluto).
-Jé (sacadme de aquí).
-A ver que mire de cerca (O__O), maaaaaadre mía....
¿¡MADRE MÍA?! ¿Qué me pasa? ¿Qué tengo? Pero, ¿acaso se esperaba encontrar otra cosa que no fuesen pelos? ¡Si tampoco era para tanto hombre!.
No me voy a molestar siquiera en dar una vaga descripción de mi vello corporal (no muy abundante, por cierto), porque diga lo que diga cuando terminéis de leer esta entrada me vais a imaginar como si fuera Chewbacca. No os lo reprocho.
Me dolió un cojón porque usó cera fría (¡para eso lo hago yo en mi casa!). Y cuando creía que por fin todo había terminado, me dijo:
-Oye, ¿y las cejas no te las quieres depilar?
¿¡Qué les pasa a mis cejas?! ¿Por qué me las quieres depilar? ¡Están perfectas!
Jamás en la vida me hubiese dejado depilar las cejas por una mujer que llevaba las suyas pintadas con un eyeliner de color marrón. NUNCA.
Pero la cosa no acaba aquí. Me hizo quitarme los calcetines, me miró los pies y añadió:
-¿Y el empeine?
O__O esto me mató. ¿El empeine?, ¡Ni que yo fuese un Hobbit! Juro que no tengo ni un maldito pelo en los piés. ¿Existen mujeres con pelos en los piés? Si es así que alguien venga y me abra los ojos.
Yo no sé si esa mujer quería ganarse un poco más de dinero, tenía ultravisión folicular (nuevo superpoder) o directamente veía pelos donde no los había. "Madre mía" me dice, habría que haberla visto a ella ¬¬
Ahora tengo un complejo inexistente y miedo de volver y que me diga cosas del tipo "¿y la espalda? ¿te depilo la espalda?". De verdad que lo pienso y me quita el sueño.
No vuelvo más.
24 de abril de 2011
20 de abril de 2011
Las crónicas Alicantinas (de esas que a nadie le interesan)
Ayer volví de mis minivacaciones de Semana Santa en Alicante, concretamente en Villajoyosa (la Vila Joiosa), que es un sitio mucho más bonito de lo que me esperaba, dada la concepción que tengo yo de la Comunidad valenciana durante los meses de verano.
Llegar hasta allí es... complicado, o más que complicado, es trabajoso. Primero cogimos un avión que nos dejó a las afueras de Alicante, después un bus para ir al centro, y de allí un tren que tardaba unos 50 minutos en llegar a la Vila. No me extraña que la otra mitad que fue en coche llegase antes que nosotros.
Ya llegando a la Vila, había un paisaje genial desde el tren y yo que no soy de playas (y mucho menos de bañarme) empecé a replantearmelo al ver cosas como ésta:
Aunque se nos sentó al lado un señor que me fastidió las vistas y mis 50 minutos de música contándonos lo mucho que le gustaba ligar con chicas jóvenes, y la cantidad de deporte que hacía todavía a su edad (aunque no se yo a qué clase de deporte se referiría). Y yo que pensaba que la gente rara solo estaba por el centro de Madrid.
Cuando por fin pudimos pisar la playa tras hacer una compra inmensa para nada más y nada menos que un regimiento de 9 personas hambrientas (yo la que más), bajando una cuesta de 5 minutillos, nos encontramos una panorama tal que así:
Hacía un poco de fresco y el agua estaba congelada, pero era un lujazo teniendo en cuenta las fechas en las que estamos aún.
Jugamos a las palas y demostré lo buenisima que soy (jugaban nada más y nada menos que con la tercera clasificada del campeonato de bádminton de mi colegio, ahí es nada). También jugamos al volley con una pelota un poco desinflada y resultados desastrosos, porque me lesioné, y con lesionarme me refiero a hacerme una herida en un dedo y a tener moratones en los antebrazos. Esque yo soy como de porcelana y tal (si, también lo digo por mi color de piel ultrablanco nuclear).
Al día siguiente fuimos a Benidorm, que está al lado de la Vila, y allí pude comprobar con mis propios ojos la decadencia de la zona guiri, que era una reencarnación de Sodoma y Gomorra (le vi el pito a 3 guiris por lo menos). Me lo pasé bien pero sinceramente, ahí se va a lo que se va, yo no hubiese aguantado durante más días un ritmo como ese.
Después nos hizo muy buen tiempo, tanto que a pesar de lo fría que estaba el agua algunos se bañaron, cosa que yo no hice porque estaba demasiado ocupada tapándome con un sombrero de paja que me encontré por ahí y poniéndome la toalla sobre los hombros. Y aun así me quemé.
Pero una vez arriba las vistas eran bonitas.
El resto del tiempo que no estábamos en la playa o en algún pub por la noche lo pasábamos jugando al póker (juego al que estoy tan viciada como al LoL) y en la Tasca Llimons, un bar de pueblo con una foto del caudillo, pero las cervezas costaban un euro y hacían unas albóndigas para morirse. Pero en el último momento hicimos un descubrimiento genial: La sidrería, lugar en el que los dispensadores eran clavaditos a Pascual Maragall.
También hicimos muchas otras cosas, como paellas riquísimas, y jugar con los gatos callejeros que rondaban por detrás de la casa. He sido muy feliz, por los gatos sobretodo.
Y hasta aquí las Crónicas Alicantinas. Seguro que se me olvidan anécdotas interesantes además de los detalles que he omitido, pero tampoco quería hacer de esta una entrada kilométrica de las que luego nadie lee (aunque por lo menos hay fotos a cascoporro).
¿Volveremos? Yo por mi sí.
Llegar hasta allí es... complicado, o más que complicado, es trabajoso. Primero cogimos un avión que nos dejó a las afueras de Alicante, después un bus para ir al centro, y de allí un tren que tardaba unos 50 minutos en llegar a la Vila. No me extraña que la otra mitad que fue en coche llegase antes que nosotros.
Ya llegando a la Vila, había un paisaje genial desde el tren y yo que no soy de playas (y mucho menos de bañarme) empecé a replantearmelo al ver cosas como ésta:
Aunque se nos sentó al lado un señor que me fastidió las vistas y mis 50 minutos de música contándonos lo mucho que le gustaba ligar con chicas jóvenes, y la cantidad de deporte que hacía todavía a su edad (aunque no se yo a qué clase de deporte se referiría). Y yo que pensaba que la gente rara solo estaba por el centro de Madrid.
Cuando por fin pudimos pisar la playa tras hacer una compra inmensa para nada más y nada menos que un regimiento de 9 personas hambrientas (yo la que más), bajando una cuesta de 5 minutillos, nos encontramos una panorama tal que así:
¡Playa desierta para nosotros solos! Mi sueño hecho realidad
La gente nos miraba raro porque íbamos muy veraniegos y como allí empezaban las vacaciones hoy todavía no había mucho turista que digamos. Éramos los guiris del lugar.
Las casitas de colores son lo mejor de este pueblecillo
Si, son mis pieses.
Hacía un poco de fresco y el agua estaba congelada, pero era un lujazo teniendo en cuenta las fechas en las que estamos aún.
Jugamos a las palas y demostré lo buenisima que soy (jugaban nada más y nada menos que con la tercera clasificada del campeonato de bádminton de mi colegio, ahí es nada). También jugamos al volley con una pelota un poco desinflada y resultados desastrosos, porque me lesioné, y con lesionarme me refiero a hacerme una herida en un dedo y a tener moratones en los antebrazos. Esque yo soy como de porcelana y tal (si, también lo digo por mi color de piel ultrablanco nuclear).
Al día siguiente fuimos a Benidorm, que está al lado de la Vila, y allí pude comprobar con mis propios ojos la decadencia de la zona guiri, que era una reencarnación de Sodoma y Gomorra (le vi el pito a 3 guiris por lo menos). Me lo pasé bien pero sinceramente, ahí se va a lo que se va, yo no hubiese aguantado durante más días un ritmo como ese.
Después nos hizo muy buen tiempo, tanto que a pesar de lo fría que estaba el agua algunos se bañaron, cosa que yo no hice porque estaba demasiado ocupada tapándome con un sombrero de paja que me encontré por ahí y poniéndome la toalla sobre los hombros. Y aun así me quemé.
Decidimos recorrer toda la playa para ir al faro (lo cual sirvió para rematar del todo mi moreno cangrejero), y allí un amigo y yo temimos por nuestras vidas. Yo porque para subir al faro había que escalar 3 metros de rocas resbaladizas, y mi amigo porque encontró un cangrejo ermitaño que salió de su concha con aire amenazador. Una pesadilla.
Pero una vez arriba las vistas eran bonitas.
¿Habéis visto qué azul estaba el agua?
Si digo que esto es el Caribe cuela.
Aquí habitaba el cangrejo ermitaño. Seguro que sigue allí todavía esperando su venganza.
El resto del tiempo que no estábamos en la playa o en algún pub por la noche lo pasábamos jugando al póker (juego al que estoy tan viciada como al LoL) y en la Tasca Llimons, un bar de pueblo con una foto del caudillo, pero las cervezas costaban un euro y hacían unas albóndigas para morirse. Pero en el último momento hicimos un descubrimiento genial: La sidrería, lugar en el que los dispensadores eran clavaditos a Pascual Maragall.
¿Que no?
También hicimos muchas otras cosas, como paellas riquísimas, y jugar con los gatos callejeros que rondaban por detrás de la casa. He sido muy feliz, por los gatos sobretodo.
Y hasta aquí las Crónicas Alicantinas. Seguro que se me olvidan anécdotas interesantes además de los detalles que he omitido, pero tampoco quería hacer de esta una entrada kilométrica de las que luego nadie lee (aunque por lo menos hay fotos a cascoporro).
¿Volveremos? Yo por mi sí.
13 de abril de 2011
Hasta lueguito!
Servidora se marcha unos días de vacaciones a la playa (Alicante concretamente), aunque no es que yo sea mucho de playas, pero me han invitado unos amigos y es mucho mejor que quedarme muerta de asco en Madrid mientras todo el mundo está fuera. Solo espero que no haga un calor sofocante como el de otros días atrás porque me niego rotundamente a bañarme en una playa hasta los topes de gente y más aún a quemarme (pero cogeré conchitas por la orilla, o... o mierda, porque ya sabemos que por allí los turistas usan la playa de vertedero).
Así que hasta el martes nadie me verá el pelo por aquí, ni por ningún otro lado. Sé que se os va a hacer muy duro todo ese tiempo sin mí pero pensad que volveré pronto con fotos y cosas para contar.
Cuidaos mucho mientras y pasadlo bien donde sea que vayais ^^
Así que hasta el martes nadie me verá el pelo por aquí, ni por ningún otro lado. Sé que se os va a hacer muy duro todo ese tiempo sin mí pero pensad que volveré pronto con fotos y cosas para contar.
Cuidaos mucho mientras y pasadlo bien donde sea que vayais ^^
7 de abril de 2011
Patitas
¿A qué me dedico por las mañanas cuando debería estar estudiando o haciendo alguno de los tropecientos mil trabajos que tengo que entregar? Respuesta: a grabar vídeos con Kiara como protagonista.
En estos momentos debería estar haciendo un comentario de texto sobre Kant y Bentham (una de las muchas razones por las que odio este cuatrimestre es porque no veo utilidad ninguna a mis asignaturas), pero tengo mucho calor, y eso es sinónimo de espesez cerebral, y de vaguería, y de procrastinación.
Soy una rebelde.
En estos momentos debería estar haciendo un comentario de texto sobre Kant y Bentham (una de las muchas razones por las que odio este cuatrimestre es porque no veo utilidad ninguna a mis asignaturas), pero tengo mucho calor, y eso es sinónimo de espesez cerebral, y de vaguería, y de procrastinación.
Soy una rebelde.
5 de abril de 2011
Reto lecturil
Ultimamente leo muchísimo menos de lo que me gustaría. No sé por qué, pero este año tengo menos tiempo libre que el año pasado, aunque más que tiempo lo llamaría compañía.
El año pasado pasaba un par de horas al día sola en la facultad, y las aprovechaba leyendo los libros que cogía de la biblioteca que está cerca de mi casa. Pero ahora coincido con mis amigos y, como es obvio, les dedico tiempo a ellos (algo que agradezco porque estar siempre solo a la larga se hace muy duro). Sin embargo, de vez en cuando hecho de menos esas horas libres en las que me ponía a leer. Siempre he sido de la clase de personas que buscan la soledad de vez en cuando, que necesitan un poco de espacio vital personal e intransferible para poder dedicarse tiempo a uno mismo, pero esto no viene mucho a cuento.
El otro día me hice una cuenta en aNobii, que es algo así como una "red social" sobre lectura. Añades los libros que has leído o estás leyendo, los calificas, y en base a eso te calcula la compatibilidad con otros usuarios (un poco como el Last.fm). A mi lo que me interesa es poder fichar futuros libros por allí, en base a las opiniones de los demás porque (y aquí viene el reto) me he propuesto leer 20 libros (contando los que ya tengo finalizados, con lo que serían 18 en total) de aquí a final de año. Es una cifra pequeña y discretita, pero tampoco me quiero exigir mucho porque terminaría agobiándome y abandonando el reto.
Pues eso. 20 libretes.
El año pasado pasaba un par de horas al día sola en la facultad, y las aprovechaba leyendo los libros que cogía de la biblioteca que está cerca de mi casa. Pero ahora coincido con mis amigos y, como es obvio, les dedico tiempo a ellos (algo que agradezco porque estar siempre solo a la larga se hace muy duro). Sin embargo, de vez en cuando hecho de menos esas horas libres en las que me ponía a leer. Siempre he sido de la clase de personas que buscan la soledad de vez en cuando, que necesitan un poco de espacio vital personal e intransferible para poder dedicarse tiempo a uno mismo, pero esto no viene mucho a cuento.
El otro día me hice una cuenta en aNobii, que es algo así como una "red social" sobre lectura. Añades los libros que has leído o estás leyendo, los calificas, y en base a eso te calcula la compatibilidad con otros usuarios (un poco como el Last.fm). A mi lo que me interesa es poder fichar futuros libros por allí, en base a las opiniones de los demás porque (y aquí viene el reto) me he propuesto leer 20 libros (contando los que ya tengo finalizados, con lo que serían 18 en total) de aquí a final de año. Es una cifra pequeña y discretita, pero tampoco me quiero exigir mucho porque terminaría agobiándome y abandonando el reto.
Pues eso. 20 libretes.
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