Hoy vengo a hablar un poco de mí, lo cual no es nada raro si tenemos en cuenta que en este lugar siempre hablo de mí. Pero hoy precisamente mi intención no es hablar de algún hecho objetivo que me haya ocurrido sino de mi visión de este momento. De cómo me va. De cómo me encuentro.
Objetivamente me va bien, pero no me encuentro tan bien. Creo que ya he comentado en alguna ocasión que prácticamente vivo en la universidad y que suelo llevarme una carga de trabajo considerable a casa. La única manera que tengo de aprovechar un poco más los días y dedicarme algo de tiempo a mí misma es trasnochar entre semana. Dormir poco se ha convertido en una especie de hábito y rutina de la que me cuesta salir. Gracias a dormir un par de horas menos puedo dedicarme a cosas que me hacen muchísima falta: leer (aunque sean 10 páginas), ver alguna película, jugar a videojuegos y echar un vistazo a las cosas que se cuecen por internet. Cuando digo que me hacen falta lo hago en el sentido más literal posible, es eso o volverme loca.
El problema de toda esta falta de sueño en general es que estoy cansada. Muy cansada. Y un pelín irascible. También me planteo con mucha frecuencia hasta qué punto me gusta lo que hago ahora mismo, lo que estudio, la formación profesional que estoy recibiendo. Me lo pregunto todos los días y conforme más me lo pregunto más aspectos negativos encuentro. Hay cosas que no me trago, que no me creo y que no me convencen en absoluto, por decirlo de alguna manera. Pero bueno, las apariencias engañosas y las triquiñuelas a las que se dedican las universidades son otro tema diferente.
A menudo se me ocurren mil ideas estupendas para plasmar aquí y para enseñaros, pero me cuesta llevarlas a la práctica. A veces es por falta de tiempo, a veces es por pereza y otras es porque al intentar poner en orden toda esa maraña de ideas no sale nada. Nada, en blanco. Es frustrante. El otro día me pasó algo parecido en un foro y salí con el rabo entre las patas, aunque no tenga mucho que ver.
Sin embargo me apetece mucho escribir. Estoy escribiendo una historia desde hace algunos meses, y va a paso lentísimo. Tal y como está el panorama ahora irá más lento aún, pero ahí está, adquiriendo una forma que nunca tengo prevista. Escribo para mí, pero también a veces me hace falta escribir para otros, para contar, vaya. Y me gustaría poder hacerlo con más frecuencia y no tener esto medio abandonado, que me da hasta lástima.
He pensado incluso empezar una nueva bitácora en un nuevo lugar donde poder contar las mismas cosas en otro formato diferente, o contar cosas distintas con el mismo formato, la verdad no lo tengo nada claro. Lo mismo me viene bien, o lo mismo es una tontería. Quién sabe.
Sea como sea, estaríais todos invitados, eso por supuesto.
¿Notáis el tono dubitativo? Así me paso los días últimamente, pensando mucho y sin concluir nada. Pienso tanto (curiosa expresión, como si el pensamiento se pudiese contabilizar), que a veces tengo la sensación de que todo lo que hago, escribo o digo ya ha pasado antes, en mi pensamiento. Es como un déjà vu asqueroso que se me pega como una lapa.
"Pero esta tía que cojones quiere decirnos" pensaréis. Pues no lo sé, vine con la intención de explicar algo y al final esto se ha terminado convirtiendo en un desahogo incomprensible.
Ah si, que yo venía a contar cómo me encuentro. Pues así.
Y poco más.
Y poco más.



