10 de abril de 2012

Los gatos también roncan


Y Kiara no iba a ser menos.

5 de abril de 2012

Discapacidad visual

Soy miope.

LLevo sin ver bien desde los 14 años, y la cosa ha ido empeorando lentamente. Empecé con menos de una dioptría en cada ojo y ahora tengo aproximadamente 2,5 (en un ojo más que en otro). En todo este tiempo he aprendido a adaptarme con la ayuda de las gafas, las cuales necesito para leer pizarras, powerpoints, ver la tele o ir al cine. Sin ellas veo todo bastante borroso y me resulta imposible leer carteles o reconocer personas a menos que me hagan señas o me fije en su forma de caminar.

Todo esto no tendría mayor importancia de no ser porque me he acostumbrado a salir a la calle sin las gafas puestas, y a día de hoy me da vergüenza llevarlas para otra que no sea lo estrictamente necesario. Sin embargo, empiezo a verme envuelta en situaciones peliagudas y surrealistas cuando voy sin ellas. He llegado a cruzar carreteras para acariciar a gatitos callejeros que han resultado ser bolsas de plástico. He saludado a pedruscos pensando que eran personas, y del mismo modo, he llegado a parecer maleducada al no saludar a personas que de lejos no reconozco. Pero la gota que colmó el vaso tuvo lugar el otro día, cuando, volviendo a casa de madrugada cogí el bus que no era.

No penséis que subí al bus sin saber nada, al menos me molesté en preguntarle a una amiga si aquel bus que se acercaba hacia la parada a la que me encaminaba era mi bus. El problema es que ella también es miope.

Es peligroso juntar a dos miopes, el mundo puede implosionar

Me recorrí una línea de autobús casi de punta a punta, mientras veía por la ventana cómo pasábamos por distritos poco seguros que en mi vida había pisado antes. Anduve sola a las 5 de la mañana por la calle hasta encontrar un bus de enlace, y una hora y media después conseguí llegar a mi casa.

Creo que es hora de dejar de ocultar al mundo lo gafapasta que soy (literalmente hablando).
Hipsters, envidiadme.