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12 de enero de 2012

El tipo de la compañía del gas

"...la Teoría bifactorial de Mowrer plantea que el origen de las obsesiones responde a un proceso de condicionamiento." Esa fue la última frase que leí antes de que me desconcentrara el sonido del timbre.
"Qué coño querrá esta vez la vecina" pensé. Para no variar la costumbre, ignoré el timbre y seguí con mis cosas. Un par de segundos después volvió a sonar. Como no tenía intención de hacer creer a la vecina que había alguien en casa, me descalcé y salí al pasillo de puntillas en dirección a la cocina. Por el camino, me quedé mirando la sombra de dos pies que se proyectaban por la ranura de debajo de la puerta.

"Sé que estás ahí..." me pareció oír.

En ese momento me asusté. No me sorprendió tanto el hecho de que hubiesen podido oírme como la voz que había pronunciado aquella frase. Era una voz siniestra, cavernosa. Casi no parecía humana.

"¿Hola? Soy de la compañía del gas". 

Ahora la voz era completamente diferente. Era aguda y dulce, la típica voz de un chico joven. ¿Seguro que lo que había escuchado antes era real? No sabía qué pensar. Lo cierto es que tenía un poco de miedo, pero yo me asusto fácilmente con cualquiera cosa. Siguiendo fiel a mi manía de no abrir la puerta, dije en voz alta:

-Mis padres no están en casa en este momento. Vuelva mejor por la tarde, que seguro que están.
-Ah... ya. De acuerdo. Gracias.

La sombra de los dos pies seguía ahí. ¿Por qué no se iba? Su comportamiento empezaba a resultar un poco extraño. Entonces lo oí. Oí como intentaba forzar la cerradura de la puerta.
Me di toda la prisa que pude y cogí mis llaves. Acto seguido eché el cerrojo de seguridad.
El corazón me latía a mil por hora. Aquel hijo de puta estaba intentando entrar en mi casa, joder, quería robarnos. Era un ladrón, y yo estaba acojonada como nunca lo había estado antes en mi vida.

Entonces el ruido en la cerradura cesó. Vi cómo la sombra de sus pies se movía hasta terminar de desaparecer. Se había ido. 

No sé cuánto tiempo pasó desde entonces, quizás minutos, o quizás horas. Estaba tan asustada que había perdido la noción del tiempo. Volví a oír la cerradura, esta vez abriéndose. ¡Había conseguido entrar!

"¿Hija? Por favor contéstame". Era una voz que sollozaba. La voz de mi madre.

-¡Mamá!
-Dios mío, ¿estás bien? He venido tan rápido como he podido. Pensé que te había pasado algo malo. Tenía tanto miedo... menos mal que no te ha pasado nada. Gracias a dios.
-Mamá, no entiendo nada, me estás asustando.
-Al parecer alguien ha conseguido entrar en casa de algunos vecinos.
-¿Un ladrón? Joder, aquí también ha intentado entrar, pero conseguí cerrar bien a tiempo. ¿Qué es lo que les han robado?
-¿Robado? No hija no. No les han robado nada. Los han encontrado muertos.



...

Y justo en ese momento me he despertado esta mañana. Odio cuando se avecinan los exámenes porque siempre tengo sueños perturbadores como éste, pero bueno, al fin y al cabo solo ha sido un sueño. Me he puesto a estudiar el examen de esta tarde cuando de repente han llamado al timbre.
"Joder, esto es de coña", he pensado. Como no me gusta abrir cuando estoy sola en casa he pasado del timbre y he seguido a mi rollo. Entonces han llamado por segunda vez.

"Soy de la compañía del gas", he oído que decían al otro lado de la puerta.

Adivinad quién se ha cagado de miedo.