Los mocos me traen por el camino de la amargura, hacía meses que no pasaba una noche tan mala como la de hoy. Es más, creo que no he sido capaz de dormir más de 30 minutos del tirón.
En estos momentos soy como una especie de zombi ojerosa cuya vida y reputación depende de un rollo de papel higiénico, porque he acabado con todos mis paquetes de kleenex (nunca he sabido cómo se escribe esta palabra) con olor a menta. Qué gran invento esto de los pañuelos con olor por cierto, aunque pensándolo bien, de poco sirven si estás congestionado y no los puedes oler.
Quiero dormir D:
Yo siempre he odiado a toda esa gente que cuando está resfriada se sorbe los mocos o se pasa las clases enteras sonándose y haciendo ruido. No tengo gotas para respirar, así que hoy voy a ser odiada por mí misma y por mis compañeros. Jo que guay.
Ya veréis cuando compre Fluimicil, ya... ¡cabrones!
(Entrada sin sentido fruto de la enajenación mental que supone la falta de sueño).
29 de marzo de 2011
18 de marzo de 2011
Expediente V
Recuerdo hace años cuando echaban Aquí no hay quien viva en la tele. Me encantaba esa serie pero nunca llegué a entender cómo era posible que en una comunidad de vecinos se pudiesen putear tanto los unos a los otros, porque cuando yo era pequeña recuerdo que nos llevábamos genial con todos y algunos incluso me invitaban a sus casas a jugar con sus hijos. Hasta que nos mudamos.
Al ser pisos de nueva construcción todos éramos un completos desconocidos entre nosotros, y a día de hoy sigo sin conocer al 75% de ellos (y eso que es una comunidad pequeñita), lo cual agradezco porque yo soy de la clase de personas a las que les gusta pasar desapercibidas y vivir sin ser molestadas. Algo que la vecina de al lado se empeña en impedir.
Es una chica joven (pero muy joven, no pasa de los 25) que vive con sus 2 hijos pequeños y su madre. Hasta ahí todo bien, pero desde hace cosa de un año tenerla como vecina se ha convertido en una pesadilla.
Para empezar, su hijo mayor (que tendrá 5 años) llama TODOS LOS DIAS a mi timbre antes de irse al cole (que será a eso de las 9 o así, hora en la que ya solo quedo yo en casa y disfruto de mis últimos momentos de sueño), además de anunciar su salida con gritos y sonidos que sinceramente no entiendo cómo las cuerdas vocales de un niño tan pequeño pueden llegar a producir. Me jode porque además oigo como la madre se descojona y grita con su hijo lo divertido que es ir al cole por las mañanas (y tocarme los cojones, de paso).
Además, hubo una época en la que no sabíamos que era él el que llamaba al timbre a todas horas y al abrir la puerta se colaba y perseguía a mi gata, que huía despavorida nada más verle, dado que en una ocasión le arrancó unos cuántos bigotes. Y desde entonces se la tengo jurada a ese niño del demonio (el otro es todavía un bebé, pero ya crecerá, ya...).
Esto, que ya es motivo suficiente de odio eterno se está saliendo de madre desde hace unos meses, porque la vecina cuando se queda sin comida, en vez de bajar a comprarla nos la pide. Que yo entiendo que si no tiene cebollas no va a ir a las 10 de la noche a comprarlas, pero esque un día es una cebolla, otro es un paquete de pasta, otro son huevos... Se le da genial pedir. Algo que, todo sea dicho, la madre de la chica no soporta que haga (porque pobres no son), y cuando se entera oímos perfectamente las broncas que le echa diciéndole lo mal que está aprovecharse de la gente, y que deje de ser tan vaga y se ponga a trabajar que bastante se parte ella los cuernos. Literalmente.
Pero la gota que está colmando el vaso es lo que viene ocurriendo desde hace dos semanas:
Nos ha pedido el teléfono para hacer llamadas urgentes a móviles porque dice no tener saldo (y que conste que tiene un fijo, porque se oye cuando llaman a su casa). La primera vez me pilló a mi sola en casa y le dejé el inalámbrico para llamar, no sin antes explicarle cómo se usa. Y cuál fue mi sorpresa al ver, cuando me devolvió el teléfono, ¡que había borrado el registro de llamadas!
Volvió a pedir el teléfono otra vez al cabo de dos días poniendo como escusa que la cabina de enfrente del portal no funcionaba (mentira, y gorda) y aunque mi madre se mostró un poco reacia a dejarle su móvil terminó haciéndolo. Y aquí viene lo inquietante: Preguntó como se usaba el móvil, entró en su casa y salió al cabo de 45 segundos con el móvil en la mano para devolvérselo a mi madre.
La lista de llamadas había sido borrada otra vez y de los 8 euros que tenía mi madre de saldo quedaban 4.
Esto es un Expediente Vecinal en toda regla.
¿Cómo puede tener tanto morro? ¿Qué clase de llamadas está haciendo como para que en menos de un minuto gaste 4 euros? ¿Por qué no usa su fijo? ¿Si dice no saber usar los teléfonos, cómo es posible que sepa borrar las llamadas? Es más, ¿por qué narices las borra?
Yo no quiero pensar nada raro (aunque lo hago) pero la gente a la que ha llamado tiene nuestros números fichados. Vamos a morir.
Al ser pisos de nueva construcción todos éramos un completos desconocidos entre nosotros, y a día de hoy sigo sin conocer al 75% de ellos (y eso que es una comunidad pequeñita), lo cual agradezco porque yo soy de la clase de personas a las que les gusta pasar desapercibidas y vivir sin ser molestadas. Algo que la vecina de al lado se empeña en impedir.
Es una chica joven (pero muy joven, no pasa de los 25) que vive con sus 2 hijos pequeños y su madre. Hasta ahí todo bien, pero desde hace cosa de un año tenerla como vecina se ha convertido en una pesadilla.
Para empezar, su hijo mayor (que tendrá 5 años) llama TODOS LOS DIAS a mi timbre antes de irse al cole (que será a eso de las 9 o así, hora en la que ya solo quedo yo en casa y disfruto de mis últimos momentos de sueño), además de anunciar su salida con gritos y sonidos que sinceramente no entiendo cómo las cuerdas vocales de un niño tan pequeño pueden llegar a producir. Me jode porque además oigo como la madre se descojona y grita con su hijo lo divertido que es ir al cole por las mañanas (y tocarme los cojones, de paso).
Además, hubo una época en la que no sabíamos que era él el que llamaba al timbre a todas horas y al abrir la puerta se colaba y perseguía a mi gata, que huía despavorida nada más verle, dado que en una ocasión le arrancó unos cuántos bigotes. Y desde entonces se la tengo jurada a ese niño del demonio (el otro es todavía un bebé, pero ya crecerá, ya...).
Esto, que ya es motivo suficiente de odio eterno se está saliendo de madre desde hace unos meses, porque la vecina cuando se queda sin comida, en vez de bajar a comprarla nos la pide. Que yo entiendo que si no tiene cebollas no va a ir a las 10 de la noche a comprarlas, pero esque un día es una cebolla, otro es un paquete de pasta, otro son huevos... Se le da genial pedir. Algo que, todo sea dicho, la madre de la chica no soporta que haga (porque pobres no son), y cuando se entera oímos perfectamente las broncas que le echa diciéndole lo mal que está aprovecharse de la gente, y que deje de ser tan vaga y se ponga a trabajar que bastante se parte ella los cuernos. Literalmente.
Pero la gota que está colmando el vaso es lo que viene ocurriendo desde hace dos semanas:
Nos ha pedido el teléfono para hacer llamadas urgentes a móviles porque dice no tener saldo (y que conste que tiene un fijo, porque se oye cuando llaman a su casa). La primera vez me pilló a mi sola en casa y le dejé el inalámbrico para llamar, no sin antes explicarle cómo se usa. Y cuál fue mi sorpresa al ver, cuando me devolvió el teléfono, ¡que había borrado el registro de llamadas!
Volvió a pedir el teléfono otra vez al cabo de dos días poniendo como escusa que la cabina de enfrente del portal no funcionaba (mentira, y gorda) y aunque mi madre se mostró un poco reacia a dejarle su móvil terminó haciéndolo. Y aquí viene lo inquietante: Preguntó como se usaba el móvil, entró en su casa y salió al cabo de 45 segundos con el móvil en la mano para devolvérselo a mi madre.
La lista de llamadas había sido borrada otra vez y de los 8 euros que tenía mi madre de saldo quedaban 4.
Esto es un Expediente Vecinal en toda regla.
¿Cómo puede tener tanto morro? ¿Qué clase de llamadas está haciendo como para que en menos de un minuto gaste 4 euros? ¿Por qué no usa su fijo? ¿Si dice no saber usar los teléfonos, cómo es posible que sepa borrar las llamadas? Es más, ¿por qué narices las borra?
Yo no quiero pensar nada raro (aunque lo hago) pero la gente a la que ha llamado tiene nuestros números fichados. Vamos a morir.
16 de marzo de 2011
U__U
¿Alguna vez habéis experimentado esa terrible sensación que le sobreviene a uno cuando empieza a jugar a un juego online y no sabe manejar a ningún puñetero personaje? Es más, de ser así ¿no os dan ganas de iros a llorar a un rincón y desintalar el juego para siempre? Pues yo no lo hago no se por qué U__U
Odio el juego y a la vez estoy viciada, qué asco, qué mierda, qué todo.
(Si, esa es la principal razón de que no actualice. El estar metida en esta droja del demonio en donde mis amigos son todos unos flipaos que ñeñeñeñe. PUES QUE LES JODAN, yo también puedo jugar sola contra bots ¬¬).
Edito: Desde que han instalado el parche nuevo los bots son tan bastos que me dan miedo.
Odio el juego y a la vez estoy viciada, qué asco, qué mierda, qué todo.
(Si, esa es la principal razón de que no actualice. El estar metida en esta droja del demonio en donde mis amigos son todos unos flipaos que ñeñeñeñe. PUES QUE LES JODAN, yo también puedo jugar sola contra bots ¬¬).
Edito: Desde que han instalado el parche nuevo los bots son tan bastos que me dan miedo.
9 de marzo de 2011
La cucaracha de la línea 6
Siento una profunda aversión por los insectos, un mundo apasionante que sin duda no está hecho para mí. Tal es mi repulsión hacia ellos que soy incapaz de acercarme a ninguno, y mucho menos matarlos, porque eso implicaría recoger los restos mortales. ¡Nisiquiera las mariposas me gustan! donde unos ven alas de colores vivos yo veo un ser horrible con antenas entre medias. Con esta descripción puedo estar dando a entender que soy de las que chillan al verlos, pero realmente mi reacción habitual es la de darme a la fuga, sobretodo cuando oigo el zumbido de unas alas, que provoca convulsiones en mí, literalmente.
Pero los bichos que más asco me dan son las cucarachas, como a todo el mundo supongo. Muchas veces me he preguntado cuál será la razón de esta aversión tan generalizada, porque no creo que las cucarachas supongan una amenaza para la supervivencia humana (o si, ahí tenemos el ejemplo de Men in Black), pero tendría que indagar sobre el tema y seguramente encontraría fotos horribles de estos seres intercaladas con el texto, así que a menos que alguien me lo cuente me quedaré sin saberlo.
Mi primera experiencia con las cucarachas fue tan horrible que todavía hoy sigo traumatizada por lo que pasó aquel día en que al abrir una bolsa de patatas crudas me apareció el cucarachón más grande que he visto en mi vida, y contra todo pronóstico se puso a perseguirme por la cocina (esto explicaría por qué en vez de gritar huyo despavorida cuando veo un insecto). La consecuencia de aquel episodio es que desde entonces no abro las bolsas de patatas por miedo a llevarme sorpresas, a pesar de que sé que las probabilidades de que vuelva a ocurrir son pequeñas.
Sabiendo esto, es muy extraña la relación que tengo con la cucaracha que habita en uno de los trasbordos más largos de la línea 6 (cuyo nombre no mentaré, que bastantes pistas he dado ya).
LLevo ya más de un año viéndola asiduamente por ese pasillo y lo que me sorprende es que siga viva después de tanto tiempo, aunque ya se sabe que las cucarachas son capaces de sobrevivir a un ataque nuclear. Cada vez la veo más grande y más roja, a saber de qué se alimentará. Incluso puede que no sea la misma y que haya varias pululando por allí.
La cosa es que cuando camino por ese trasbordo no puedo dejar de mirar al suelo por si acaso me la encuentro, para poder reaccionar a tiempo y no pisarla, algo que me produciría más asco incluso que el propio hecho de verla. Las veces que se me ha cruzado por el camino he pensado "JODER, QUE PUTO ASCO" y muy probablemente lo haya dicho en alto porque la gente a veces se me queda mirando.
Pero los días que no la veo me sorprendo a mí misma preguntándome "¿dónde estará?", y me imagino las posibles razones por las que no ha podido salir de su escondrijo, o incluso me pregunto si tendrá familia, y lo más importante: cuánta familia tiene (algo que en el fondo prefiero no saber).
Creo que la estoy personificando demasiado. El día que pase una larga temporada sin verla puede que incluso la eche de menos, y si algún día la piso sé que sentiré asco y pena a partes iguales, pero estoy trabajando al máximo para evitar ese momento, porque el crujido me atormentaría en mis peores pesadillas.
No le voy a poner nombre como comprenderéis. El paso siguiente sería llevarle lechuguita y hay cosas a las que no estoy dispuesta a llegar.
P.D: ¿No os pasa que cuando hablais de insectos sentís un cosquilleo por el cuerpo y os dan espasmos repentinos? Debería hacérmelo mirar ¿verdad?.
Pero los bichos que más asco me dan son las cucarachas, como a todo el mundo supongo. Muchas veces me he preguntado cuál será la razón de esta aversión tan generalizada, porque no creo que las cucarachas supongan una amenaza para la supervivencia humana (o si, ahí tenemos el ejemplo de Men in Black), pero tendría que indagar sobre el tema y seguramente encontraría fotos horribles de estos seres intercaladas con el texto, así que a menos que alguien me lo cuente me quedaré sin saberlo.
Mi primera experiencia con las cucarachas fue tan horrible que todavía hoy sigo traumatizada por lo que pasó aquel día en que al abrir una bolsa de patatas crudas me apareció el cucarachón más grande que he visto en mi vida, y contra todo pronóstico se puso a perseguirme por la cocina (esto explicaría por qué en vez de gritar huyo despavorida cuando veo un insecto). La consecuencia de aquel episodio es que desde entonces no abro las bolsas de patatas por miedo a llevarme sorpresas, a pesar de que sé que las probabilidades de que vuelva a ocurrir son pequeñas.
Sabiendo esto, es muy extraña la relación que tengo con la cucaracha que habita en uno de los trasbordos más largos de la línea 6 (cuyo nombre no mentaré, que bastantes pistas he dado ya).
LLevo ya más de un año viéndola asiduamente por ese pasillo y lo que me sorprende es que siga viva después de tanto tiempo, aunque ya se sabe que las cucarachas son capaces de sobrevivir a un ataque nuclear. Cada vez la veo más grande y más roja, a saber de qué se alimentará. Incluso puede que no sea la misma y que haya varias pululando por allí.
La cosa es que cuando camino por ese trasbordo no puedo dejar de mirar al suelo por si acaso me la encuentro, para poder reaccionar a tiempo y no pisarla, algo que me produciría más asco incluso que el propio hecho de verla. Las veces que se me ha cruzado por el camino he pensado "JODER, QUE PUTO ASCO" y muy probablemente lo haya dicho en alto porque la gente a veces se me queda mirando.
Pero los días que no la veo me sorprendo a mí misma preguntándome "¿dónde estará?", y me imagino las posibles razones por las que no ha podido salir de su escondrijo, o incluso me pregunto si tendrá familia, y lo más importante: cuánta familia tiene (algo que en el fondo prefiero no saber).
Creo que la estoy personificando demasiado. El día que pase una larga temporada sin verla puede que incluso la eche de menos, y si algún día la piso sé que sentiré asco y pena a partes iguales, pero estoy trabajando al máximo para evitar ese momento, porque el crujido me atormentaría en mis peores pesadillas.
No le voy a poner nombre como comprenderéis. El paso siguiente sería llevarle lechuguita y hay cosas a las que no estoy dispuesta a llegar.
P.D: ¿No os pasa que cuando hablais de insectos sentís un cosquilleo por el cuerpo y os dan espasmos repentinos? Debería hacérmelo mirar ¿verdad?.
6 de marzo de 2011
21:04
Siempre me he preguntado qué tienen los domingos. Son días extraños, vacíos, improductivos. Días en los que se desaprovecha el tiempo y en los que a uno le invade una sensación extraña que no sabría cómo definir. Como la que tengo yo ahora.
Y la verdad, no entiendo por qué. Bueno si lo entiendo, pero en teoría no debería ser así.
Yo creo que es porque no sé nunca que hacer con mi tiempo en días como hoy, y gasto las horas en cosas triviales que nisiquiera me satisfacen. Por poner un ejemplo, hoy lo único que he hecho ha sido hacer unas palomitas y ver "La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina", habiéndome terminado el libro hace cosa de varios días. Podría haber visto cualquier otra y en cambio he elegido una en la que ya me sabía la trama de principio a fin. Que me ha gustado y eso pero si echo la vista atrás siento que he desaprovechado dos horas en las que podría haber adelantado capítulos de Fringe, por decir algo.
Por lo demás llevo todo el día escuchando la misma canción (que describe exactamente mi estado de ánimo, al margen de la letra) y evadiendo la lectura de Si esto es un hombre, que es un libro muy bueno pero demasiado duro como para leerlo en días como hoy. Estoy totalmente falta de ideas en todos los aspectos, y cuando las tengo no me apetece escribirlas. Nisiquiera sé que hago escribiendo esto.
Frustración es la palabra, la que no encontraba para describir la sensación, me acaba de venir a la mente. Si, creo que es eso. Los domingos la magnifican.
Qué deprimente.
Y la verdad, no entiendo por qué. Bueno si lo entiendo, pero en teoría no debería ser así.
Yo creo que es porque no sé nunca que hacer con mi tiempo en días como hoy, y gasto las horas en cosas triviales que nisiquiera me satisfacen. Por poner un ejemplo, hoy lo único que he hecho ha sido hacer unas palomitas y ver "La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina", habiéndome terminado el libro hace cosa de varios días. Podría haber visto cualquier otra y en cambio he elegido una en la que ya me sabía la trama de principio a fin. Que me ha gustado y eso pero si echo la vista atrás siento que he desaprovechado dos horas en las que podría haber adelantado capítulos de Fringe, por decir algo.
Por lo demás llevo todo el día escuchando la misma canción (que describe exactamente mi estado de ánimo, al margen de la letra) y evadiendo la lectura de Si esto es un hombre, que es un libro muy bueno pero demasiado duro como para leerlo en días como hoy. Estoy totalmente falta de ideas en todos los aspectos, y cuando las tengo no me apetece escribirlas. Nisiquiera sé que hago escribiendo esto.
Frustración es la palabra, la que no encontraba para describir la sensación, me acaba de venir a la mente. Si, creo que es eso. Los domingos la magnifican.
Qué deprimente.
24 de febrero de 2011
Síndrome de Diógenes
El otro día me di cuenta de que en mi cartera estaban desapareciendo monedas, aunque realmente el peso de la cartera en sí seguía siendo el mismo. Tras un par de días investigando cual podía ser el origen del problema llegué a la conclusión de que quizás se había roto el trozo de tela que separa los dos compartimentos del monedero, y que las monedas se colaban por ahí. Abrí el monedero y efectivamente, todas aquellas monedas desaparecidas se habían materializado en ese lado (que está lleno de cosas random).
Osea que tengo la cartera rota, inclusive la parte donde guardo los billetes (ahora se pueden colar por arriba o por abajo) y es algo que me fastidia mucho porque por nada del mundo quiero cambiarla por otra, me encanta la que tengo, y no soy capaz de admitir que tarde o temprano quedará inservible, como todas las cosas a las que se dan uso.
Aunque pensándolo bien, no me extraña nada que se haya roto teniendo en cuenta la cantidad de monedas que guardo dentro, de hecho la cartera pesa lo suyo. Por mera curiosidad decidí sacar todo el contenido para ver más o menos cuáles eran las cosas que había ido recolectando y metiendo desde la última vez que hice limpia. El resultado fue éste:
Yo diría que guardo más o menos lo mismo que todo el mundo: dineros en general, entradas de sitios de ocio, carnés, fotografías y chorradas. Eso sí, me he dado cuenta de que tengo una obsesión insana por guardar billetes de autobús. Ahí están todos los que he sacado durante los últimos dos años más o menos, de casi todas las veces que he ido a ver a Dani a su casa (que vive en zona C2, por si sirve de aclaración). Gracias a eso me he dado cuenta de que en un año han subido el precio del billete más de 30 céntimos. El año que viene ya redondearán a los 5 euros, si total...
LLevo una carga excesiva de calderilla, pero es por culpa de las máquinas de mi facultad, que me devuelven todo el cambio en monedas de 5 céntimos. Soy bastante pobre ahora mismo, ni siquiera sé que hacen ahí esos 5 euros, supongo que los reservaré para emergencias... cotidianas, como chocolate, un sandwich o unas fotocopias de última hora.
Las cosas secretas son una carta amorosa, la contraseña de mi expediente (uso tantas contraseñas que se me olvida continuamente) y... un papel con números aleatorios que no sé de dónde han salido, pero alomejor un día los uso para jugar a la lotería y me toca algo.
También guardo billetes de tren y autobús de cuando estuve en Irlanda, así como entradas a algunas de las cosas que visitamos, la entrada del Expocómic de hace 4 años y entradas de cine (que ni recordaba llevar encima) de Hellboy II, Underworld (ni se puede leer ya) y la peli que me llevaron a ver el día de mi cumpleaños. Y una Magic del mazo verde en inglés, que tiene valor sentimental para mí (pero advierto que a las Magic he jugado 4 veces en mi vida y no me terminan de convencer).
Y por último las joyas de mi cartera: un billete de 5 dólares y una libra. Lo curioso esque yo nunca he viajado ni al Reino Unido ni a USA, pero son regalos que me han hecho y me gustan. Sobretodo el billete, aunque creo que con los de 5 dólares no se puede hacer la doblez esa con la que se terminan viendo las torres gemelas en llamas, y tampoco ha sido usado para esnifar una raya de a saber qué (porque es nuevo) pero ¡es dinero de otro continente! Mola, no hay más.
Ahora que recuerdo antes tenía también un peso chileno, pero era idéntico a una moneda de dos euros y lo metí en una máquina por error. Coló, que es lo gracioso.
Estoy por coger todas estas cosas y meterlas en una cajita para que no se pierdan, aunque en mi casa son muy dados a tirar cosas sin preguntar y no sé yo.
Osea que tengo la cartera rota, inclusive la parte donde guardo los billetes (ahora se pueden colar por arriba o por abajo) y es algo que me fastidia mucho porque por nada del mundo quiero cambiarla por otra, me encanta la que tengo, y no soy capaz de admitir que tarde o temprano quedará inservible, como todas las cosas a las que se dan uso.
Esta es mi cartera, rota por dentro pero impecable por fuera. Me pega, ¿verdad?
Aunque pensándolo bien, no me extraña nada que se haya roto teniendo en cuenta la cantidad de monedas que guardo dentro, de hecho la cartera pesa lo suyo. Por mera curiosidad decidí sacar todo el contenido para ver más o menos cuáles eran las cosas que había ido recolectando y metiendo desde la última vez que hice limpia. El resultado fue éste:
Pues que para lo muchísimo que pesa tampoco hay tanto
Yo diría que guardo más o menos lo mismo que todo el mundo: dineros en general, entradas de sitios de ocio, carnés, fotografías y chorradas. Eso sí, me he dado cuenta de que tengo una obsesión insana por guardar billetes de autobús. Ahí están todos los que he sacado durante los últimos dos años más o menos, de casi todas las veces que he ido a ver a Dani a su casa (que vive en zona C2, por si sirve de aclaración). Gracias a eso me he dado cuenta de que en un año han subido el precio del billete más de 30 céntimos. El año que viene ya redondearán a los 5 euros, si total...
LLevo una carga excesiva de calderilla, pero es por culpa de las máquinas de mi facultad, que me devuelven todo el cambio en monedas de 5 céntimos. Soy bastante pobre ahora mismo, ni siquiera sé que hacen ahí esos 5 euros, supongo que los reservaré para emergencias... cotidianas, como chocolate, un sandwich o unas fotocopias de última hora.
Las cosas secretas son una carta amorosa, la contraseña de mi expediente (uso tantas contraseñas que se me olvida continuamente) y... un papel con números aleatorios que no sé de dónde han salido, pero alomejor un día los uso para jugar a la lotería y me toca algo.
Recuerdos de todo tipo
También guardo billetes de tren y autobús de cuando estuve en Irlanda, así como entradas a algunas de las cosas que visitamos, la entrada del Expocómic de hace 4 años y entradas de cine (que ni recordaba llevar encima) de Hellboy II, Underworld (ni se puede leer ya) y la peli que me llevaron a ver el día de mi cumpleaños. Y una Magic del mazo verde en inglés, que tiene valor sentimental para mí (pero advierto que a las Magic he jugado 4 veces en mi vida y no me terminan de convencer).
Me debes 15 pavos enano, ponme la pasta en la mano ♪
Y por último las joyas de mi cartera: un billete de 5 dólares y una libra. Lo curioso esque yo nunca he viajado ni al Reino Unido ni a USA, pero son regalos que me han hecho y me gustan. Sobretodo el billete, aunque creo que con los de 5 dólares no se puede hacer la doblez esa con la que se terminan viendo las torres gemelas en llamas, y tampoco ha sido usado para esnifar una raya de a saber qué (porque es nuevo) pero ¡es dinero de otro continente! Mola, no hay más.
Ahora que recuerdo antes tenía también un peso chileno, pero era idéntico a una moneda de dos euros y lo metí en una máquina por error. Coló, que es lo gracioso.
Estoy por coger todas estas cosas y meterlas en una cajita para que no se pierdan, aunque en mi casa son muy dados a tirar cosas sin preguntar y no sé yo.
19 de febrero de 2011
Mundo hipócrita 2.0
Recuerdo perfectamente aquel día en 2º Bachillerato en el que, estando en el aula de informática, vi como algunos de mis compañeros miraban fotos en una página hasta entonces desconocida para mi y las comentaban: Tuenti.
Muchos de ellos intentaron convencerme para abrirme una cuenta con la escusa de poder mantener mejor el contacto tras la graduación y todo ese tipo de cosas con las que te suelen intentar convencer para que te abras una cuenta en algún sitio. Mi respuesta fue un no rotundo, "paso". Hasta que un día descubrí que en muchas de esas fotos que estabn colgadas salía yo. No sé si ya llevaban siglos subidas o fue su manera de extorsionarme (que lo dudo) pero terminé aceptando una invitación y abriéndome un perfil en la susodicha red.
Reconozco que durante los 6 primeros meses fue algo divertido, puedo incluso decir que estuve "enganchada" porque había mucho buenrollismo con mis entonces compañeros de clase y eso fomentó nuestra amistad, por así decirlo. Pero entonces llegó el momento de empezar una vida nueva en la universidad y ver si las promesas de mantener el contacto perduraban de verdad. No lo hicieron, pasaron meses e incluso años y no hubo ningún comentario del tipo "¿qué tal te va todo?, ni por su parte ni por la mía. A cambio recibí muchísimas peticiones de amistad de gente del colegio que jamás en la vida me habían saludado por los pasillos pero que me felicitaban el cumpleaños por internet, o conocidos que solo me tenían en cuenta para poder subir de nivel en esos juegos de mierda a través de los que las empresas acceden a tus datos personales como si de una novela de George Orwell se tratara. Y fue a partir de ese momento cuando empecé a sentir odio por todos.
Tengo unas 130 personas agregadas a mi perfil, entre ex compañeros de clase, de colegio, conocidos y amigos de la universidad, y amigos de amigos, de los cuales el 80% no me importa absolutamente nada, pero los mantengo porque poner en práctica mis ideas me haría quedar fatal, los mantengo porque soy tan hipócrita como lo son ellos, a quién quiero engañar.
¿Por qué tanto odio? pues es muy sencillo, si me encontrara hoy con alguna de estas personas en el metro o en alguna parada de autobús, lo más probable sería que nos saludásemos y siguiéramos cada uno por nuestro lado. Entonces, si solo nos dignamos a saludarnos, ¿qué razones hay para que te deje cotillear mi vida cada vez que te conectas a internet? También podría darse la situación de que mantuviéramos una conversación completamente trivial e insulsa en donde no haría falta contarnos ninguna novedad porque ya lo sabemos todo el uno del otro gracias a la información personal que pulula por nuestros perfiles.
La solución ya no es borrar a 100 de esos 130 "amigos", es borrarme yo el perfil. No es por cobardía, es por evitar posibles reacciones del tipo "¿eh? ¿por qué me has borrado?" y tener que dar explicaciones incluso más largas que este tocho que estoy escribiendo. Pero todavía no puedo hacerlo, porque de entre toda esa sarta de características negativas hay una sola cosa buena: te ahorras dinero en sms y llamadas, y a mí a día de hoy me es muy útil comunicarme con gente de la universidad (no hablo de amigos de la universidad, sólo de gente). Si no fuese por ese motivo me lo borraría inmediatamente con toda tranquilidad, porque sé que mis amigos de toda la vida descuelgan el teléfono cada vez que quieren hablar o quedar conmigo.
Otra ventaja con respecto a los demás es que mi Tuenti está practicamente inactivo, y el 75% de mis fotos son gifs o imágenes de Porlaputa, así que mucho ingenio tienen que echarle los demás para cotillear mi vida en estos momentos, o para saber qué aspecto tengo y por qué sitios me muevo.
Y no, no me voy a hacer un Facebook, que tendrá más caché y todo eso pero en el fondo es lo mismo y bastante tengo ya con mantener viva esa otra mierda (a la que le quedan 2 años de vida, por cierto).
Si esque soy muy antisocial.
Muchos de ellos intentaron convencerme para abrirme una cuenta con la escusa de poder mantener mejor el contacto tras la graduación y todo ese tipo de cosas con las que te suelen intentar convencer para que te abras una cuenta en algún sitio. Mi respuesta fue un no rotundo, "paso". Hasta que un día descubrí que en muchas de esas fotos que estabn colgadas salía yo. No sé si ya llevaban siglos subidas o fue su manera de extorsionarme (que lo dudo) pero terminé aceptando una invitación y abriéndome un perfil en la susodicha red.
Reconozco que durante los 6 primeros meses fue algo divertido, puedo incluso decir que estuve "enganchada" porque había mucho buenrollismo con mis entonces compañeros de clase y eso fomentó nuestra amistad, por así decirlo. Pero entonces llegó el momento de empezar una vida nueva en la universidad y ver si las promesas de mantener el contacto perduraban de verdad. No lo hicieron, pasaron meses e incluso años y no hubo ningún comentario del tipo "¿qué tal te va todo?, ni por su parte ni por la mía. A cambio recibí muchísimas peticiones de amistad de gente del colegio que jamás en la vida me habían saludado por los pasillos pero que me felicitaban el cumpleaños por internet, o conocidos que solo me tenían en cuenta para poder subir de nivel en esos juegos de mierda a través de los que las empresas acceden a tus datos personales como si de una novela de George Orwell se tratara. Y fue a partir de ese momento cuando empecé a sentir odio por todos.
Tengo unas 130 personas agregadas a mi perfil, entre ex compañeros de clase, de colegio, conocidos y amigos de la universidad, y amigos de amigos, de los cuales el 80% no me importa absolutamente nada, pero los mantengo porque poner en práctica mis ideas me haría quedar fatal, los mantengo porque soy tan hipócrita como lo son ellos, a quién quiero engañar.
¿Por qué tanto odio? pues es muy sencillo, si me encontrara hoy con alguna de estas personas en el metro o en alguna parada de autobús, lo más probable sería que nos saludásemos y siguiéramos cada uno por nuestro lado. Entonces, si solo nos dignamos a saludarnos, ¿qué razones hay para que te deje cotillear mi vida cada vez que te conectas a internet? También podría darse la situación de que mantuviéramos una conversación completamente trivial e insulsa en donde no haría falta contarnos ninguna novedad porque ya lo sabemos todo el uno del otro gracias a la información personal que pulula por nuestros perfiles.
La solución ya no es borrar a 100 de esos 130 "amigos", es borrarme yo el perfil. No es por cobardía, es por evitar posibles reacciones del tipo "¿eh? ¿por qué me has borrado?" y tener que dar explicaciones incluso más largas que este tocho que estoy escribiendo. Pero todavía no puedo hacerlo, porque de entre toda esa sarta de características negativas hay una sola cosa buena: te ahorras dinero en sms y llamadas, y a mí a día de hoy me es muy útil comunicarme con gente de la universidad (no hablo de amigos de la universidad, sólo de gente). Si no fuese por ese motivo me lo borraría inmediatamente con toda tranquilidad, porque sé que mis amigos de toda la vida descuelgan el teléfono cada vez que quieren hablar o quedar conmigo.
Otra ventaja con respecto a los demás es que mi Tuenti está practicamente inactivo, y el 75% de mis fotos son gifs o imágenes de Porlaputa, así que mucho ingenio tienen que echarle los demás para cotillear mi vida en estos momentos, o para saber qué aspecto tengo y por qué sitios me muevo.
Y no, no me voy a hacer un Facebook, que tendrá más caché y todo eso pero en el fondo es lo mismo y bastante tengo ya con mantener viva esa otra mierda (a la que le quedan 2 años de vida, por cierto).
Si esque soy muy antisocial.
14 de febrero de 2011
Tuiteando
Supongo que ya todos os habréis dado cuenta desde hace un tiempo de que ahí a la derecha hay un icono de Twitter. LLevo ya un par de meses usándolo y le veo mucha utilidad porque puedo reflejar pensamientos rápidos en 140 caracteres, o mencionar hechos triviales que me suelen ocurrir casi todos los días pero que no tienen contenido suficiente como para escribir una entrada aquí, además de informarme de las cosas que suceden en el panorama nacional y en la vida de los demás (cómo no).
Con esto lo que quiero decir es que si alguien quiere leer más cosas, al margen de las entradas que suelo hacer, puede darse una vuelta por allí y cotillear un poco. Lo cual no quiere decir que deje de publicar en el blog, que para nada, seguiré escribiendo como he hecho hasta ahora y con la misma frecuencia.
Vamos, que si no estoy en Blogger andaré por Twitter, y si no estoy en Twitter probablemente ande por Blogger, o no ande directamente. Así que eso, ya sabeis donde encontrarme, lo siguiente ya va a ser dejar la dirección de mi casa y la llave debajo del felpudo, por si alguien quiere pasar a tomarse un café.
Con esto lo que quiero decir es que si alguien quiere leer más cosas, al margen de las entradas que suelo hacer, puede darse una vuelta por allí y cotillear un poco. Lo cual no quiere decir que deje de publicar en el blog, que para nada, seguiré escribiendo como he hecho hasta ahora y con la misma frecuencia.
Vamos, que si no estoy en Blogger andaré por Twitter, y si no estoy en Twitter probablemente ande por Blogger, o no ande directamente. Así que eso, ya sabeis donde encontrarme, lo siguiente ya va a ser dejar la dirección de mi casa y la llave debajo del felpudo, por si alguien quiere pasar a tomarse un café.
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