7 de septiembre de 2011

Múltiples cuentas (que no cuentas múltiples)

El otro día me entró un agobio repentino al caer en la cuenta de la cantidad de sitios de internet en los que estoy registrada y que se consideran redes sociales. El punto de partida siempre es el mismo, cuando tengo que estudiar encuentro en internet miles de cosas interesantes para hacer y lo más normal es que me dé por abrir cuentas en sitios que tarde o temprano van a terminar abandonados. Con el paso del tiempo la lista se ha ido engrosando cada vez más hasta el punto de que si tuviera que dedicarme a mantener todas mis cuentas debidamente actualizadas, creo que no tendría vida al margen de internet.

Haciendo un recuento, la lista de webs en las que me he registrado es la siguiente:
  • Twitter: Me gusta bastante, y es una ventana que suelo tener siempre abierta en mi navegador, ya no sólo para escribir mis tweets, sino también para leer los de los demás. Vamos, que lo uso asiduamente sin llegar a ser flooder. La gran desventaja que le veo, es que contar cosas en 140 caracteres puede llegar a convertirse en algo demasiado cómodo en comparación con redactar una entrada de blog, que es algo que requiere mucha más dedicación e interés. En cualquier caso, que nadie se preocupe (si es que hay alguien preocupado), que no voy a sustituirlo por el blog, es algo a lo que me niego rotundamente.
  • Tumblr: Este va por rachas, a veces lo actualizo y a veces me olvido completamente de él, pero está ahí. LLevo ya casi un año en Tumblr y aún no sé de que modo enfocarlo. No lo voy a usar como un blog ni tampoco como microblog (teniendo ya este, ¿para qué?) así que de momento, y me da que indefinidamente, va a seguir siendo el sitio donde pongo fotos random de mis gustos y de gatitos.
  • Last.fm: Fue bonito mientras duró, pero está hiperabandonado. Mi padre colecciona cd's y tiene unos gustos musicales parecidos a los míos, así que se podría decir que en casa seguimos usando la cadena de música (que yo creo que en algunas casas ya ni tienen). Tampoco suelo descargarme música en grandes cantidades, salvo canciones sueltas que meto en el mp3. El resto lo escucho todo online y hasta hace nada usaba Spotify para actualizar mis estadísticas, pero ya no.
  • aNobii: Esta red es genial. Dado lo mucho que me gusta leer (aunque este año haya leído 4 libros contados) me parece perfecto eso de llevar un recuento y que haga recomendaciones.
  • Formspring: Me lo hice en un momento de aburrimiento supremo y así está ahora, abandonado. Pero no porque yo no lo use o no me meta, sino porque la mayoría de las preguntas que me llegan son las del bot de la web, y algunas veces son tan estúpidas que ni me planteo responder. Antes yo hacía preguntas pero llega un punto en que ya no sé qué preguntar y me limito simplemente a responder y a ver las respuestas de la gente que sigo en Twitter. 
  • Filmaffinity: Me meto de pascuas a ramos pero está bien porque hace exactamente lo mismo que aNobii. Aunque eso sí, hay mucho gafapasta resabido suelto, y eso no mola nada. NADA.
  • Flickr: Otro sitio más en el que no me suelo meter, más que nada porque no suelo hacer muchas fotos, y las que hago son o bien con mi móvil o bien con una cámara de 4megapíxels (para qué decir nada más). No pretendo hacer fotones ni exhibirlos ante el mundo, simplemente subo fotos que me gustan o que me parece que han quedado bien teniendo en cuenta los medios prehistóricos con los que las hago. 

    Y ahora mismo no recuerdo cuáles más tengo, pero estoy segura de que haberlas haylas.
    De una lista de 7 webs solo voy a dejar de usar una al 100%, con lo cual mi agobio no se ha reducido en nada pero por lo menos me he dejado claro a mí misma las razones para mantener las demás cuentas abiertas. Vamos, una mierda.

    Edit: Acabo de recordar que también estoy registrada en series.ly, que debe ser con diferencia la cuenta más abandonada de todas las que tengo, y para colmo me estoy planteando probar eso de Pottermore. No aprendo.

    4 de septiembre de 2011

    Bye summer

    Me puede la desidia y la procrastinación últimamente. No solo aquí, sino en la mayoría de las cosas que hago.
    Que cuando empiezan las vacaciones todo es alegría y alboroto pero al cabo de un tiempo termina haciéndose necesaria una vuelta a los quehaceres, cosa que suele llegar siempre de la mano del otoño, para despertar un poco del letargo veraniego. Otoño que, por cierto, empieza justo el día de mi cumpleaños.

    Los primeros días de septiembre siempre se me hacen tristes y solitarios. Es como un período de adaptación a los nuevos cambios, donde empezamos a ser plenamente conscientes de que el verano poco tiene ya de verano, y que hay que volver a ponerse en marcha. Yo diría que la pimera semana de septiembre es como un limbo, en el que algunos pocos afortunados (o desgraciados, según como se mire) seguimos de vacaciones pero no podemos despedirlas como se merece. En otras palabras: tenemos que estudiar, y este año mi limbo va a durar dos horribles semanas. Y ya no hablo de estudio intensivo (que no lo está siendo), sino de soledad estudiantil, que son cosas diferentes.

    Por otro lado, tengo un montón de planes que me hacen ilusión. Resumiendo:


    Adiós verano de desidia.
    Bienvenido, otoño de productividad.


    Ah, por cierto, he dejado aparcada Sexo en Nueva York y me enganchado a Los Tudor. He salido ganando con el cambio, ¡que serie más buena!.

    24 de agosto de 2011

    Fails repentinos

    Hace cosa de dos semanas me dió por poner el canal Divinity y me encontré con que estaban echando Sexo en Nueva York. Como no había nada mejor que ver en ese momento, me dispuse a ver los dos capítulos que pusieron, y para mi sorpresa no me pareció que estuviese mal, es más, me gustó.
    LLegó la noche y como viene siendo ya habitual, en un momento insomne de aburrimiento decidí seguir viendo la serie por internet, porque no me apetecía empezar una desde cero (y mucho menos una con capítulos de 40 minutos). Lo curioso es que esos dos capítulos que había visto en la tele eran los dos primeros, con lo cual, sin yo quererlo la empecé casi desde el principio.

    Y así ha seguido siendo prácticamente todas las noches hasta hoy, que ya voy por el final de la tercera temporada. Quién me iba a decir a mí que me iba a enganchar una serie cómo ésta. Pero bueno, a lo que iba, el otro día a mitad de un capítulo descubrí éste fail:


    Las cámaras ahí bien reflejadas, como quien no quiere la cosa (y es un fail que dura su tiempo, por cierto).
    Me pareció curioso, y al mismo tiempo me chafó un pelín la noche, porque la serie perdió su magia y su realismo y dejé de empatizar con los personajes al darme cuenta de que todo era un guión y un producto artificial.

    Aunque el desengaño sólo me duró esa noche, luego mi interés por la serie volvió a la normalidad, hasta que encuentre otro fail, supongo.

    18 de agosto de 2011

    Invasión

    Venía dispuesta a contar mis andanzas de estas últimas dos semanas, en las que me ha dado tiempo a hacer turismo, vaguear mucho y salir, pero por segundo día consecutivo he regresado a casa hastiada y cabreada, y no es para menos porque los peregrinos han colapsado Madrid (y media España, me temo) y ahora no puedo moverme por mi ciudad sin correr el riesgo de morir asfixiada.

    Que yo veo muy bien que venga el Papa y todo eso (con muchos peros) pero se están pasando un pelín, creo yo. Un poquito de porfavor, que son peores que los abuelos cuando salen de los toros y entran en marabunta al metro. Si no caben, no caben, pero ellos por sus narices tienen que entrar, que debe ser que les mola la idea de compartir los sudores de la espalda y la sobaquera con los demás.

    Vamos, que entre la falta de oxígeno, el hacinamiento, y los cánticos a grito pelao (que es lo que más molesta) he estado apunto de desmayarme, y me han tenido que sujetar. Pero lo mejor de todo es que no me ha ayudado ningún peregrino.

    P.D: Como dato pedante diré que el hacinamiento, el calor y el ruido molesto son de los factores más relevantes a la hora de iniciar acciones violentas. Ahí lo dejo.

    4 de agosto de 2011

    Querer hacer

    Ya en nada se termina la primera semana de Agosto. A mí en vacaciones los días se me pasan más rápido imposible, y si a principios de Julio tenía todo lleno de planes ahora mi ocio está vacío, y tengo mucho tiempo libre desaprovechado. He pensado en hacer muchas actividades y cosas por mi cuenta porque la inactividad a largo plazo me frustra, pero la mayoría requieren un dinero que no tengo. La vida es así.

    A veces me pregunto si no me pondré a mi misma excusas para no hacer las cosas. La mayoría de las veces resulta ser así. No las hago y no se por qué, aunque debería, porque luego se me pasa la oportunidad y me arrepiento.

    Otras veces las excusas vienen en forma de estupidez, estupidez por mi parte, claro está. Lo malo de tener amigos pertenecientes a diferentes ámbitos es que muchas veces me proponen el mismo tipo de planes, y toca decir cosas tipo: "no, no puedo porque tales amigos me han dicho ya de hacer esto con ellos". Es entonces cuando quedo como una tonta, viendo como esos otros amigos hacen ese plan que tanto me apetece sin mi (porque les he dicho que no), y espero a hacerlo con el grupo que lo propuso primero, pero se va aplazando... y aplazando... y aplazando... y al final me doy cuenta de que me he quedado sin plan.

    Hay veces que lo de ser generoso... como que no sirve pa ná.
    Todo esto es a raíz de que me he quedado sin ver Transformers III, y ahora ya me toca fastidiarme para siempre.

    Es muy triste, creedme.

    22 de julio de 2011

    Encuentros inesperados

    Los que vivimos en ciudades grandes estamos acostumbrados a encontrarnos con cámaras de televisión, reporteros, entrevistadores, y sobretodo, famosos. Este hecho es más común todavía si vives en Madrid y sueles moverte por el centro.

    Son muchos los famosos que he visto por la calle en sus quehaceres cotidianos, como por ejemplo Alex de la Iglesia, Alaska, algunos actores de Aquí no hay quien viva, diversos tertulianos de esa cosa que llaman "corazón", Pablo Motos, Pablo Puyol, Trancas y Barrancas (que entrevistan siempre en Sol) y otros tantos que no recuerdo. Tengo por norma no acercarme a saludar a los famosos, y más si están a su aire haciendo sus cosas. No sé, debe ser horrible que te paren por la calle cada 10 minutos así que yo con mirar fijamente y dar un codazo al de al lado me conformo.

    También me han grabado, aunque de manera involuntaria. Han sido 3 las veces que me han plantado una alcachofa (que así es como llamo yo a esos micros inmensos con gomaespuma) para preguntarme alguna cosa, y no sé si habré salido o no por la tele, pero dadas las respuestas (a cada cual más estúpida) que he dado lo más probable es que no. Soy capaz de hacer el ridículo públicamente hasta 3 veces, pero ya más no, me niego. Ahora cada vez que veo una cámara salgo corriendo, por si acaso.

    Y también, cómo no, he asistido a unas cuantas premiéres, aunque más que asistir me he topado con ellas. Las que mejor recuerdo son la de Soy Leyenda, donde pude ver la nuca de Will Smith a unos 15 metros de distancia y a hombros, pero eh, que lo he tenido a 15 metros y es para contarlo. También vi a Gerard Butler y a Cameron Díaz, pero lo justo sería decir que los casi-vi, porque me dejé las gafas en casa y había tantísima gente que era imposible saber siquiera por dónde se movían esos dos. Una pena. Y la última premiére con la que me he topado por casualidad ha sido con la de la película Green Lantern, ayer concretamente.

    Ya sabía yo que algo iba a pasar en la plaza de Callao porque la parafernalia que habían montado por allí no era normal. A las 8 me volví a acercar por allí con dos amigas y había mucha gente, tampoco muchísima como para decir que la premiére iba a ser un éxito, pero bueno, el panorama era tal que así:

     Fotos hechas por mi amiga Sara (o mejor dicho, por su móvil)


    -"Es verdad, ¡que hoy viene Ryan Reynolds!"
    -"Ai que bien, ¡Ryan Reynolds! Espera... ¿ese quién es?"


    Mis amigas aclararon rápidamente mis dudas: no es ni más ni menos que el ex de Scarlett Johanson (cosa que me dejó igual que antes). Dicho en otras palabras, el que venía era el protagonista de la película. Es decir, este ser:

    Todo un acierto que hayan puesto una pantallaza como esta para la gente cegata y ciega como yo

    Pues qué quereis que os diga, no sé que tiene este hombre de especial, a mi no me dice nada de nada. ¡Si hasta iba mascando chicle como un chulazo! Me causó mala impresión, porque sí, yo a los famosos no me acerco pero me puedo permitir juzgarlos, con un par.

    Hubo un momento en el que casi me dió un algo, porque el director de la peli de lejos y sin tener yo gafas era clavadito a John Malkovich, y durante unos instantes me planteé saltar la valla y declararle amor eterno. Pero no, afortunadamente no era, y digo afortunadamente porque de serlo lo más probable es que me hubiese desmayado allí mismo.

    Bueno, ¿y Gary Oldman para cuándo viene?

    15 de julio de 2011

    Stalkearse a uno mismo

    Ayer quedé con mis amigas de toda la vida, y como ya viene siendo habitual surgieron temas sobre antiguos compañeros de clase y antiguos conocidos, gente que sigue y gente que ya no está, gente de la que sabes su vida entera sin necesidad de preguntar y gente que está desaparecida. En especial me interesé por este último grupo, y por una persona en concreto de la que, efectivamente, casi nadie sabe nada. Como sentía curiosidad por saber qué tal le iba y no tenía medio de preguntarle, al llegar a casa me puse a stalkearla, o a intentarlo al menos, cosa que me llevó bastante tiempo porque parecía que no hubiese rastro de ella por internet. Pero al final encontré algo y de ahí llegué a todo lo demás (no demasiadas cosas, porque al parecer no hace vida por estos lares). Me sorprendió ver a qué se dedica ahora, ha cambiado, me gusta. Y las cosas parece que le van bien, así que me alegro por ella.
    Debería haberle escrito algo pero me hubiese sentido demasiado acosadora, y pensándolo fríamente tampoco consideré que hubiesémos tenido una relación de amistad, así que lo omití. Soy así.

    Mientras buscaba sus actuales cuentas en diferentes plataformas de internet me fui topando con las antiguas, como el ya más que olvidado fotolog, y entonces fué cuando me encontré conmigo misma, o mejor dicho, con mi yo de hace 6 años. Mi primer fotolog, algo que ni recordaba tener.

    Fue una sensación entre nostálgica y desagradable leer lo que escribía y cómo me sentía con 14/15 años. No me reconocí, y aunque no me averguenzo de lo que expresaba, no me gustó leer cómo lo expresaba. Fue como leer a otra persona diferente a mi. Si tuviera que definir mi manera de ver el mundo por aquel entonces, me costaría mucho decidir si utilizar la palabra emo o bipolar. Probablemente ambas.

    La nostalgia vino al ver lo bien que me llevaba con la gente, los comentarios de antiguos amigos y compañeros que han quedado en nada, y que si me los cruzase ahora mismo probablemente las únicas palabras que intercambiaría serían "hola" y "adiós". Lo abiertamente que expresaba todo y a todos, cuando ahora me cuesta lo indecible decir a la gente que quiero que la quiero. Lo poco prejuiciosa que era por aquel entonces, y lo mucho que me preocupaban temas que ahora mismo me serían totalmente indiferentes.

    Decidí cerrar esa cuenta para en cierto modo terminar esa etapa de mi vida que ya no está, y me costó sudor y lágrimas recordar correos y contraseñas que hace literalmente lustros que no utilizo, así que he pasado la mitad de la noche en vela intentando hacer memoria. Pero lo he conseguido finalmente, et voilá, etapa cerrada.

    También cerré en su día mi fotolog habitual de siempre, en parte porque me avergonzaba que ciertas cosas que escribía se vinculasen con mis fotos (porque por aquel entonces el anonimato me la refanfinflaba), y en parte para evitar que los stalkers (si esque los ha habido alguna vez) pudiesen llegar a él.

    Ahora lo que me ronda por la cabeza es, cuando relea este blog o mis otras cuentas de internet dentro de 5 ó 10 años, ¿sentiré la misma sensación que sentí anoche al leerme a mí misma? ¿Me avergonzaré de lo que soy ahora o quizás de lo que no soy?

    Sea como sea, remover el pasado es triste.

    9 de julio de 2011

    Esa forma de vida llamada convivencia

    Hace ya un par de días que estoy de vuelta de las vacaciones en la playa, aunque todavía no había dado señales de vida por aquí. Como fui al mismo sitio de Semana Santa no hay muchas novedades al respecto, ni tampoco muchas diferencias salvo la compañia y las temperaturas, que me obligaron a meterme cada dos por tres en el agua y a ser objeto de demasiadas aguadillas, entre otras cosas.

    Estos días en casa he tenido demasiado tiempo libre (que no ocioso) para reflexionar acerca de un hecho que ya sabía pero no había podido constatar del todo: llevo mal las convivencias. Que tal como lo he expresado puede parecer que haya habido malos rollos o que no me haya sentido agusto durante esos siete días, más bien todo lo contrario. Me lo he pasado genial y encima he estado con amigos, pero aún juntando estos dos factores me he sentido un poco "atrapada". De todos modos, no voy a referirme a mis últimas vacaciones unicamente.

    Convivir en casa con mis padres es algo que no me afecta porque es así desde que tengo uso de razón y estoy completamente acostumbrada a ello, pero convivir con conocidos o amigos es algo que me inquieta un poco. Quizá sea porque el espacio vital e imperturbable que tengo en mi casa no es tal cosa al tener que convivir 24 horas al día con otras personas que no sean mi familia, y llega un punto en que siento la necesidad de aislarme completamente o de recluirme aunque sea un par de horas. En estas ultimas vacaciones he podido hacerlo bastante a menudo porque fui con dos parejas y tenía una habitación para mi sola, pero en otros casos no, y he llegado a sentirme muy frustrada por ello.

    También llevo mal los horarios. En una convivencia donde se supone que todo el grupo va junto y cohesionado se suelen llevar unos hábitos y horarios comunes, como por ejemplo: horas de comer, horas de levantarse, horas de acostarse... Para mi estas cosas son un horror, porque mis ritmos son diferentes a los de los demás, y cambiarlos de golpe me perturba. Por poner un ejemplo, a mí me entra mucho sueño antes de comer, y si he tenido un día cansado (véase pasar la mañana en la universidad o donde sea) antes de comer me encierro en la habitación y echo un sueñecito (para los que no lo hayan probado, la siesta antes de comer es mil veces mejor que la siesta de después de comer). Por no hablar de lo tarde que suelo acostarme en vacaciones, que antes de las 3 a.m no me entra sueño.
    Visto así no es para tanto pero si sigo con mis ritmos normales termino por pasar poco tiempo con la gente con la que convivo y puede dar la impresión de que paso de todo, que no colaboro, o de que tengo mucho morro, cosa que me preocupa y molesta a partes iguales. Así que lo que hago es intentar adaptarme a los horarios normales de los demás pero como no tengo la costumbre de hacerlo me cuesta más coger el sueño y tengo más insomnio de lo normal, lo cual hace que a largo plazo la convivencia sea agotadora para mí, fisicamente hablando.

    Otro tema es la alimentación, que se reduce basicamente a que como por dos, y no suele sentar muy bien que en una compra para la que todo el mundo ha puesto dinero unos coman más cantidad que otros. Consecuencia: en vez de comer por dos como por uno, cosa que está bien, pero como suelo tomar más cantidad de comida a veces paso hambre.

    Así que para mí, convivencia (sea con quien sea, a menos que sea alguien de muchísima confianza) es sinónimo de no poder estar sola todo lo que me gustaría, tener más sueño que de costumbre y más hambre de lo normal. Convivir con otras personas implica tener que preveer continuamente sus reacciones, si esto puede molestar o tal otra cosa no. Si lo haces te terminas frustrando porque no disfrutas de tu día a día. Si no lo haces empiezan los típicos problemas.

    Resumiendo:
    Convivencias cortas FTW.
    Convivencias largas sucks.


    Podéis llamarme quejica si queréis, lo soy.


    (Entrada basada en las experiencias de convivencia que he tenido a lo largo de toda mi vida, que conste).