9 de julio de 2011

Esa forma de vida llamada convivencia

Hace ya un par de días que estoy de vuelta de las vacaciones en la playa, aunque todavía no había dado señales de vida por aquí. Como fui al mismo sitio de Semana Santa no hay muchas novedades al respecto, ni tampoco muchas diferencias salvo la compañia y las temperaturas, que me obligaron a meterme cada dos por tres en el agua y a ser objeto de demasiadas aguadillas, entre otras cosas.

Estos días en casa he tenido demasiado tiempo libre (que no ocioso) para reflexionar acerca de un hecho que ya sabía pero no había podido constatar del todo: llevo mal las convivencias. Que tal como lo he expresado puede parecer que haya habido malos rollos o que no me haya sentido agusto durante esos siete días, más bien todo lo contrario. Me lo he pasado genial y encima he estado con amigos, pero aún juntando estos dos factores me he sentido un poco "atrapada". De todos modos, no voy a referirme a mis últimas vacaciones unicamente.

Convivir en casa con mis padres es algo que no me afecta porque es así desde que tengo uso de razón y estoy completamente acostumbrada a ello, pero convivir con conocidos o amigos es algo que me inquieta un poco. Quizá sea porque el espacio vital e imperturbable que tengo en mi casa no es tal cosa al tener que convivir 24 horas al día con otras personas que no sean mi familia, y llega un punto en que siento la necesidad de aislarme completamente o de recluirme aunque sea un par de horas. En estas ultimas vacaciones he podido hacerlo bastante a menudo porque fui con dos parejas y tenía una habitación para mi sola, pero en otros casos no, y he llegado a sentirme muy frustrada por ello.

También llevo mal los horarios. En una convivencia donde se supone que todo el grupo va junto y cohesionado se suelen llevar unos hábitos y horarios comunes, como por ejemplo: horas de comer, horas de levantarse, horas de acostarse... Para mi estas cosas son un horror, porque mis ritmos son diferentes a los de los demás, y cambiarlos de golpe me perturba. Por poner un ejemplo, a mí me entra mucho sueño antes de comer, y si he tenido un día cansado (véase pasar la mañana en la universidad o donde sea) antes de comer me encierro en la habitación y echo un sueñecito (para los que no lo hayan probado, la siesta antes de comer es mil veces mejor que la siesta de después de comer). Por no hablar de lo tarde que suelo acostarme en vacaciones, que antes de las 3 a.m no me entra sueño.
Visto así no es para tanto pero si sigo con mis ritmos normales termino por pasar poco tiempo con la gente con la que convivo y puede dar la impresión de que paso de todo, que no colaboro, o de que tengo mucho morro, cosa que me preocupa y molesta a partes iguales. Así que lo que hago es intentar adaptarme a los horarios normales de los demás pero como no tengo la costumbre de hacerlo me cuesta más coger el sueño y tengo más insomnio de lo normal, lo cual hace que a largo plazo la convivencia sea agotadora para mí, fisicamente hablando.

Otro tema es la alimentación, que se reduce basicamente a que como por dos, y no suele sentar muy bien que en una compra para la que todo el mundo ha puesto dinero unos coman más cantidad que otros. Consecuencia: en vez de comer por dos como por uno, cosa que está bien, pero como suelo tomar más cantidad de comida a veces paso hambre.

Así que para mí, convivencia (sea con quien sea, a menos que sea alguien de muchísima confianza) es sinónimo de no poder estar sola todo lo que me gustaría, tener más sueño que de costumbre y más hambre de lo normal. Convivir con otras personas implica tener que preveer continuamente sus reacciones, si esto puede molestar o tal otra cosa no. Si lo haces te terminas frustrando porque no disfrutas de tu día a día. Si no lo haces empiezan los típicos problemas.

Resumiendo:
Convivencias cortas FTW.
Convivencias largas sucks.


Podéis llamarme quejica si queréis, lo soy.


(Entrada basada en las experiencias de convivencia que he tenido a lo largo de toda mi vida, que conste).

3 comentarios:

  1. Eso es lo que me ha pasado este año con mis compañeros de piso. No voy a engañar a nadie, eran tres, uno me caía mal, otra normal y otra muy bien. Pero aún así yo hubiera hecho un poco el paripé de "mira qué buen compañero soy, vamos a comer juntos o a ver la tele juntos", pero es que no podía. No podía porque tenía clase por la tarde, cuando ellos acababan de llegar a casa, porque me gusta comer a la una y cenar a las ocho y media. Y al principio me decían eso que dices, "es que parece que pasas de nosotros, es que te pasas el día en tu habitación...". No, me paso la mañana en la habitación porque estoy solo en casa, por la tarde no me ves porque estoy en clase. Y no voy a cenar a las diez muerto de hambre sólo por conversar contigo; puedo conversar mientras cenas tú sola, pero se te hace raro. Y no voy a ver contigo TeleCinco ni la MTV, lo siento.

    Por eso la compañera con la que me llevaba bien, cuando se lo expliqué lo entendió, y a los otros ni me molesté en explicarles nada.

    Concluyendo: para que yo considere a alguien "convivible" tiene que ser lo suficientemente amigo mío como para entender que mis horarios son inamovibles, así como yo lo haré con él. Nos veremos tanto como sea posible porque nos gustará estar juntos, porque no fastidiaremos al otro haciéndole pasar hambre ni sueño. Y creo que todos mis amigos son así, y algún conocido también. Es parte de mi mágica escala de la amistad.

    Pero eso sí, si tienes la suficiente confianza con esa gente, cuéntales todo eso para que lo comprendan y puedas estar a gusto.

    Prostata: Bienvuelta =3

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  2. Yo todavía no he convivido con nadie, pero si alguien con quien vivo me explica lo que has contado en esta entrada, lo entendería perfectamente.

    Si se tiene horarios diferentes y a una persona le resulta casi imposible modificarlos (porque le produzca sentirse mal o no estar a gusto) lo demás deberían intentar amoldarse a los tuyos. Esto puede sonar un poco estúpido, pero yo lo haría por "solidaridad" con el otro, que por lo menos ha intentado adaptarse a mis horarios. Esto lo haría excepto en los horarios de dormir, que yo para el descanso soy muy mia.

    Pero bueno, esta es mi opinión de persona que se puede adaptar bastante bien a los cambios. Ya veremos como va la convivencia el año que viene... (espero que muy bien)

    Por cierto, bienvenida. Yo he probado esas "siestas" y son lo mejor, excepto porque yo (personalmente) me levanto medio zombi. Mi padre es un asiduo a ellas y le encantan ^_^

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  3. Yo también soy fan de esas siestas porque no me tiro 2 horas durmiendo (el tiempo medio de mis siestas) porque el hambre puede al sueño y no me levanto echa una mierda.

    Yo creo que lo de la convivencia más o menos nos pasa a todos. En lo de la comida me he sentido muy identificada. Siempre que como en casa ajena (excepto si como con algunos amigos que comen tanto como yo) me quedo con hambre. Es en plan "Bueno, esta es la comida, una ensalada y 3 salchichas para 3 personas" y yo podría comerme la comida de las 3 personas y quedarme con hambre. ¿En serio la gente puede comer tan poco? Porque a veces me cuesta creerlo.

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