12 de agosto de 2010

La fuga

Muchos días han pasado desde que escribí aquí por última vez (11 días concretamente). Me gustaría decir que me han ocurrido cosas muy interesantes desde entonces pero en realidad no es así, con la excepción algunos paseos campestres muy agradables, aunque bueno, sucedió algo con Kiara así que va a ser de nuevo protagonista en esta entrada.

Como supongo que a la mayoría de los gatos, le encanta descubrir nuevos escondrijos donde poder tirarse horas y horas dormitando. Por ejemplo, este es su lugar favorito para pasar las mañanas:

Aunque no es técnicamente un escondrijo

(Supongo que ya lo he dicho alguna que otra vez pero es imposible echarla de la mesa en verano. Y desde hace dos años desgraciadamente me ha tocado estudiar con todo el calor infernal de Agosto, así que he aprendido a estudiar con su culo tapándome las letras pero amar es compartir, y ella todo lo quiere compartir.)

Otro de sus sitios favoritos donde se pasa las tardes, es éste:

 Es tan apacible cuando duerme... (porque por si alguien no se ha dado cuenta, en todas las fotos sale durmiendo)

Pero su pasión por los rincones no termina aquí. Hace unas semanas, sin previo aviso decidió darse el piro para nunca volver (o al menos eso nos creímos), y tras más de media hora de revolver cajas de zapatos, mirar detrás del váter, dentro de los armarios, y en otros sitios variopintos decidí buscar en el lugar más impensable de toda la casa. ¿Dónde me gustaría meterme si fuese un gato? Pues en el sitio más estrecho, claustrofóbico y lleno de cosas posible:

 Por Dios! pero si hasta me costó hacer bien la foto

No se cómo pudo meterse ahí dentro sin tirar ningún cd ni ningún adorno (que los quité para hacer la foto, porque sino no se la veía) y menos aún se cómo narices pudo terminar con la cabeza asomando en vez del culo, pero a pesar de su retorcimiento corporal puedo asegurar que en el momento en que el flash saltó, ella roncaba estruendosamente (también habría podido utilizar eso como pista para encontrarla, me lo apunto para la próxima).

Y así es como terminó la casi fuga de Kiara. La verdad que no entiendo el amor de los gatos por los rinconcitos estrechos, pero es divertido ver como a pesar de llevar años viviendo en algún sitio siguen descubriendo lugares recónditos donde poder dormir.

1 comentario: