Una carta a alguien. Cualquiera.
No sé cómo enfocar esto. Es más, no sé a quién dirigirle la carta. Por una parte he pensado en hacer trampas y dirigirosla a vosotros (Conejito, Sick, Héctor, Thanatos y demás lectores), pero al final terminaría saliéndome algo ñoño y me muero de la vergüenza escribiendo ese tipo de cosas si sé que las vais a leer. Pero se podría resumir en algo así como que este blog sin vuestras lecturas clandestinas y visitas se terminaría llendo al traste, y que soys muy majos todos, y que molais. Super romántico.
LLegados a este punto, vuelvo a estar completamente en blanco. No me apetece expresar quejas (que haberlas haylas, y a montones), ni tampoco gratitudes, ni tengo a nadie más en mente. La única destinataria que se me ocurre ahora es Kiara, porque la tengo a escasos 4 centímetros en este mismo momento. Se la voy a dirigir a ella y creo que esta va a ser la entrada más improvisada que he hecho nunca. Como casi todos conocéis mi obsesión enfermiza por los gatos (y por ella), intentaré no repetir demasiadas veces lo bonica y preciosa y buena y de todo que es ♥.
Kiara:
Tienes demasiados escondrijos en la casa, y nisiquiera entiendo las razones por las que te gusta meterte en unos o en otros dependiendo de la época del año. Esa esquinita en la que te sientas últimamente, ¿qué tiene de especial? ¿Pasa alguna tubería por debajo? Y mi mesa de estudio, ¿por qué ahí? ¿es porque te gusta estar conmigo o porque estás más cómoda? Espero que sea una mezcla de ambas. Por cierto, acabo de ver que has aprovechado mientras cenaba para darte un baño encima de mis apuntes y me los has dejado todos mojados. No me enfado contigo porque me resulta imposible, tienes esa suerte.
Anoche me di cuenta de que intentaste dormirte ya no en un lado de la cama, sino encima de mí. Si quieres hacerlo puedes, no me molesta, aunque si ronrroneas probablemente no me dejes dormir todo lo bien que quisiera, pero en el fondo me gusta. Te estás haciendo viejita y ultimamente no puedo evitar pensar cada vez que te veo en lo que al fin y al cabo es inevitable. Por eso soy tan pesada contigo y te doy tantos arrumacos y cosas así, pero no veo que te quejes así que voy a dar por hecho que te gustan. Yo por lo menos necesito dártelos, entiéndeme, es porque te echo de menos, aunque estés.
En el fondo esta carta es más bien para mí, porque aunque te la lea no la vas a entender.
Supongo que las personas que tienen mascotas me entenderán.
Y ya está. Me he puesto un poco triste.
